Propuesta de Obama en Latinoamérica solo quedó en palabras bonitas

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Foto: REUTERS/Kevin Lamarque BRASILIA, (Reuters) – El presidente Barack Obama mejoró los lazos con Brasil en su gira por América Latina, pero no logró avances en divisivas disputas comerciales y los ataques del Ejército estadounidense a Libia opacaron su ofensiva de carisma.

El viaje hizo poco por contrarrestar el creciente poder de China en América Latina, un ascenso que daña los negocios estadounidenses que enfrentan una competencia mucho más dura en sus economías de rápido crecimiento.

Enmendando un período de tensas relaciones, Obama elogió generosamente a la ascendente economía de Brasil y su peso político, e intentó compensar lo que muchos en América Latina perciben como décadas de trato arrogante por parte de Washington.

Sin embargo, los logros concretos fueron escasos, especialmente en comparación a las audaces acciones de China, que ha superado a Estados Unidos como el principal socio comercial en Brasil y Chile, las primeras paradas en la gira de cinco días de Obama.

“Hubo importantes mensajes políticos. Las puertas estaban abiertas, pero en términos de comercio e inversión no hay mucho más que promesas vagas”, dijo Andre Nassar, jefe de un grupo de expertos en comercio con base en Sao Paulo, sobre la visita de Obama.

Y las fuerzas económicas detrás del nuevo poder de China -su rápido crecimiento y posición como comprador clave de metales y bienes agrícolas de América Latina- no muestran señales de desaparecer.

Para mala suerte, la gira de Obama, que termina en El Salvador el miércoles, ha sido opacada por el importante rol de Estados Unidos en los ataques militares contra Libia.

Obama autorizó los ataques mientras estaba en Brasil, que se negó a apoyar la resolución de Naciones Unidas que autoriza el uso de la fuerza, despertando viejas preocupaciones en América Latina sobre el uso de Washington de su poder militar.

Obama firmó acuerdos con Brasil sobre cooperación energética, 1.000 millones de dólares de financiamiento en infraestructura y una hoja de ruta para futuras negociaciones comerciales.

Eso habría sido impensable hace apenas algunos meses, cuando las relaciones estaban en un punto bajo por la mediación de Brasil en la disputa nuclear de Irán, una iniciativa a la cual Washington se opuso fírmemente.

Como era de esperar, no hubo avances en los grandes temas que habrían elevado las relaciones a un nuevo nivel, especialmente las disputas comerciales por acero y bienes agrícolas y el deseo de Brasil de tener un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La brecha entre el progreso retórico y real también se sintió en Chile, un ejemplo del libre mercado donde Obama enfatizó en la importancia de América Latina como un socio comercial crucial, pero no ofreció ningún plan específico para eliminar barreras comerciales.

“‘Veni, Vidi, Vici’ (Vine, ví, vencí) fue el tweet de César a Roma tras una victoria. Veni, vidi, y no dije nada, será el tweet hoy de Obama”, escribió José Piñera, ex ministro del Trabajo y hermano del presidente chileno, Sebastián Piñera, en la red social Twitter.

La ofensiva de carisma de Obama, que incluyó jugar fútbol con niños en una favela de Río de Janeiro, confirmó su popularidad entre muchos latinoamericanos, pero no encajó bien con las imágenes de aviones de guerra de Estados Unidos bombardeando nuevamente objetivos en el mundo árabe.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, uno de varios enemigos izquierdistas de Washington en la región, dijo que los ataques mostraban que no se podía confiar en la retórica de Obama sobre un nuevo comienzo en las relaciones con América Latina.

“¿Cómo puede el presidente Obama pedirnos que olvidemos el pasado si está tan fresco y si se puede repetir?, porque lo estamos viendo ahora en Libia”, dijo Ortega, cuyo gobierno de izquierda en la década de 1980 luchó contra rebeldes financiados por Estados Unidos en una brutal guerra civil.

Sólo horas después de que el Air Force One dejó Río de Janeiro para viajar rumbo a Chile, Brasil pidió un alto del fuego en Libia y un diálogo respaldado por la ONU para poner fin a la violencia.

La falta de avances en un acuerdo comercial estancado entre Estados Unidos y Colombia y el embargo de décadas del país norteamericano contra Cuba se verán en gran parte de América Latina como nuevos signos de los límites de la propuesta de Obama a una “nueva era de cooperación”.

AVANCE CON BRASIL

El viaje de dos días a Brasil marcó un importante acercamiento en las relaciones de Estados Unidos con la mayor economía de América Latina y dio señales de que Obama y la nueva presidente de Brasil, Dilma Rousseff, establecieron un vínculo personal.

Altos funcionarios de ambas partes dijeron que se abrió el camino para un progreso real en los meses y años venideros.

“La parte más importante es que Dilma puede ahora tomar el teléfono y llamar a cualquier hora a Obama, ya que establecieron una buena relación personal”, dijo un alto funcionario del Gobierno.

“Ellos se entendieron entre sí, se llevan bien. Eso será de gran ayuda en cualquier problema que pueda ser difícil”, agregó.

Las autoridades brasileñas dieron un giro positivo al limitado apoyo de Obama para la candidatura de Brasil para un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, diciendo que la alabanza constante a su condición de potencia emergente había puesto al país en la misma categoría que China e India.

El tono fue muy distinto a las tensas relaciones del predecesor de Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva, que molestó a Washington por buscar vínculos más estrechos con Irán, Venezuela y otros gobiernos antiestadounidenses en los últimos años.

Sin embargo, ni Obama ni Rousseff ahorraron en público algunas quejas de larga data que mostraron potenciales dificultades a la renovada amistad.

Obama se quejó de que hay demasiados obstáculos para hacer negocios en Brasil, mientras que Rousseff criticó las barreras comerciales que impone Estados Unidos a los productos del acero y del agro.

La mandataria brasileña también dijo que la política monetaria expansionista de Washington estaba alimentando distorsiones mundiales de divisas y el proteccionismo comercial.

“Señor presidente, si queremos construir una relación más profunda, también tenemos que tratar francamente nuestros desacuerdos“, dijo Rousseff de pie al lado de Obama.

Tras una reunión con el Secretario de Comercio de Estados Unidos, Gary Locke, los líderes empresariales brasileños expresaron su frustración por la falta de avances en relación con el equilibrio comercial de Brasil con Estados Unidos.

“El acercamiento diplomático es importante, pero nadie va a llenar su vientre de buena voluntad. Esperamos un enfoque más concreto por parte del gobierno estadounidense“, dijo Carlos Cavalcanti, de la influyente federación de la industria de Sao Paulo.

Hasta que esas diferencias se superen, es poco probable que Brasil y Estados Unidos pueden unir sus fuerzas para hacer frente a la competencia comercial de China.

Una vez que se establezcan lazos económicos y comerciales más estrechos, podremos hacer frente a Asia”, dijo Marco Aurelio García, asesor de política exterior de Rousseff.

Por Raymond Colitt




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